AUTOR: Toromex Mextoro / toromex69@yahoo.com.mxfamiliares y amigos que no eran "de onda" (todavía no conocía el término "Buga"). Ya sé
que tu verdadero nombre es José, pero recuerdo perfectamente aquella pequeña plática con Arturo Victoria (qepd) en su departamentito alla por Neza ¿por Avenida Chimalhuacán?, cuando me dijo que en alguna ocasión él te leyó poemas de Tirso de Molina y, -según él- te gustaron tanto, que Arturo optó por nombrarte con ese nombre: Tirso.
Carajo, ocho años en que aunque mi cuerpo dio rienda suelta a toda mi calentura, mi
pensamiento siempre estaba comparando a los compañeros ocasionales contigo: "no tiene los ojos de Tirso"; "no tiene las cejas casi unidas de Tirso"; "no tiene el color de piel de Tirso"; "no tiene la forma de caminar de Tirso"; "no tiene el carácter de Tirso"; "no
viste con la galanura discreta, pero muy atractiva de Tirso"; "no besa como Tirso"; "su
piel no es tan suave, sus músculos no son tan firmes y fuertes": no tiene la forma de
mirar de Tirso"; "no tiene la voz, la risa, ese gesto entre cabrón y niñote malcriado y
consentido"; "No tiene el aroma de Tirso, ese olor a sudor suyo mezclado con esa loción
barata (¿Brut, Jockey Club, Agua de Colonia Sanborns?) que se unen para mi deleite".
¿Qué años fueron? Los años de la inocencia, los años de la calentura juvenil, los años del
enamoramiento a ciegas (enamoramiento que no AMOR:lo sé ahora porque simplemente no nos dimos tiempo para forjar una relación lo suficientemente estable, mucho menos duradera y continua para asegurarnos que "eso" era amor y no sólo calentura); fueron los años de "amar para siempre y a primera vista", los años de besos desesperados en la noche escondidos tras un puesto de revistas cerrado en ese barrio de Neza, lejos de las miradas de la gente.
¡Cuantas vidas viví en esos años en que el miedo hizo que no defendiera al jotito de la
escuela, ese chavo exageradamente amanerado y obviamente homosexual a quien todos
fregaban, aunque tampoco me uní nunca a esa bola de animales para joderlo!: sabía que en cierta forma yo estaba más cercano a ese "jotito" que a los imbéciles "machos"; pese a que ellos me creían un cabrón como ellos. Fueron los años en que leía absorto a Mario Vargas Llosa con La Ciudad y los Perros, sintiéndome otro personaje más, porque por una coincidencia estaba yo cumpliendo con el servicio militar en el campo número 1 adelante de Cuatro Caminos y estaba dentro del primer batallon de Policía Militar. Fueron los años en que esa relación forzada, a huevo, entre cabrones creaba molestias y uno que otro momento chusco, fue el tiempo en que confirme mi atracción por la gente de uniforme: como aquel capitán maduron y fornido, que un sábado nos dio instrucción, corriendo detras de él, se detuvo de golpe en el borde de las barrancas detras de los dormitorios y todos los que íbamos formados y corriendo detrás suyo caímos encima de él, dándonos todos una buena madriza; sin embargo el capitan simplemente se levantó, se sacudio el polvo de su uniforme y siguió corriendo.
Fueron los años de pasar de la Prepa 1 en Xochimilco a la Facultad de Contadura y
Administración en CU. Esos años cuando, en vez de entrar a clases, me perdía en el camino de baldosas detrás de la facultad y que mucho después supe que en su dirección hacia avenida Insurgentes se convertía en el "camino amarillo". Fue la época en que también me identificaba con el personaje de Sinclair del Demian de Herman Hesse, con Harry Haller, el Lobo Estepario, mientras caía lluvia sobre mi cabeza, y me sentía sólo, abandonado, culpable...
Fueron los años en que descubría a grupos introspectivos y con letras con las
que me identificaba: fui de los pocos que tuve el disco LP (de vinil) titulado "WAR" de
unos desconocidos llamados U2 en que cantaban "Two hearts beat as one", "Sunday Bloody Sunday", "Surrender" y "New year´s day". Esos años que perdí al abandonar la UNAM fastidiado de las clases en las que no entendía casi nada y que siempre nos impartía un asistente del titular de Contabilidad I y II, porque el profesor estaba postulándose para diputado, asi que realmente nunca estaba en el salón de clases y yo me encontraba sin saber que iba a hacer con mi vida, muy confundido, y permanentemente triste; asi que terminé por ponerme a trabajar... para después hacer un examen de ingreso a la UAM Xochimilco, esta vez para estudiar Comunicación.
Fueron años en que conocí dos De Efes totalmente diferentes: uno antes y otro después del terremoto. Me preguntaba: ¿dónde quedaron los cinemas 1 y 2 de la colonia Roma en donde vi peliculas como Star Wars? ¿dónde quedó el cine Internacional en donde ví el día de su estreno la pelicula de Supermán, después de hacer una pataleta hasta que harté a mi papá para convencerlo de que me llevara?, ¿y los cines Alfa Omega en donde vi asustadisimo la primera película de Alien?, ¿dónde quedó el Hotel Regis, el Hotel Del Prado? ¿dónde quedaron los edificios sobre Lázaro Cárdenas?, ¿dónde estaba el conjunto Pino suárez, ese gigante edificio en el que habían unas oficinas del Departamento del DF y en donde siempre estaba de guardia aquel policia super fortachon y bigoton al que siempre que mis papás me mandaban por algun mandado al centro, aprovechaba para pedirle permiso para pasar a los sanitarios y que siempre admiraba de reojo porque los musculos de sus brazos y piernas casi reventaban las mangas cortas de su chazarilla y el pantalon del uniforme de tafeta azul oscura, y que mas que cubrir, acentuaba la curva de sus nalgas y el paquete de su bulto en la entrepierna?, ¿donde estaban los multifamilares Juárez en cuyas canchas de basquetbol me escapaba a jugar?
En Rock 101 radiaban a grupos y artistas casi desconocidos, varios de ellos que apenas
iniciaban: The Cure, Joy Division, Dream Syndicate, Bauhaus, Marillion, INXS, Depeche
Mode, The Waterboys, London After Midnight, The Smiths, Los Lobos, The Fixx, The New
Bohemians, The Pretenders, Peter Gabriel, Madonna, Cindy Lauper, Nena, The Clash, Genesis, Asia.
Muchos de estos grupos no los encontrabas ni siquiera en el tianguis del Chopo: obvia
decir que NO existía internet para bajar archivos mp3. Aunque en general no se daba a
conocer mucha musica de rock fuerte o grupos nuevos, todavía se podía sintonizar varias
estaciones musicales: en AM Radio 590 La Pantera, Radio Exitos, 1260 Radio Capital; en FM se escuchaba WFM 96.9 Magia Digital; 97.7 Radio Hits; 105.7 Estereo Joven; 107.3 Radio Universal.
Tú, Tirso, siempre me dijiste que eras muchos años mayor que yo: según tú, eras casi 18-20 años mayor que yo, pero me costaba creerlo porque eras tan jovial, tan lleno de vida, tan varonilmente hermoso, tu rostro moreno con esos bellos ojos y con permanentes ojeras que te daban un aspecto de oso panda; tu cuerpo fornido natural, debido a tu trabajo en aquella ferreteria y no por pasar horas en el gimnasio; tu cabello tan oscuro y que peinabas de raya enmedio y esos flecos que caían a los lados de tu cabeza eran de color brillante y azabache a diferencia de mi propio pelo, siempre tan pardo, demasiado grueso y rebelde que yo desde muy niño intentaba inútilmente aplacar con brillantina Wildroot, mousse, pistola de aire y después con gel; ese cabello mío que nunca me ha gustado y que siempre uso muy corto a pesar que muchos me dicen que me da apariencia de soldado o policia, esa apariencia que se contrapone a el aire que me dan los lentes y que algunos ligues de ocasión me han dicho que me favorecen con un toque semi intelectual. En suma: esta cara de rasgos toscos que tengo y que se contrapone con mi caracter introvertido, callado y serio, a momentos parezco casi huraño, esta apariencia por la cual muchos me dicen que no se me acercan porque aparento que "no soy de onda" o que estoy enojado.
Hoy creo haberte visto, ¿después de cuantos años?, ¿casi dos décadas?. ¿Eres tú ese señor con el cabello corto, casi completamente canoso y bien peinado?, ¿Eres ese señor delgado, de cuerpo firme pero panzón y sin aquellos musculosos, anchos brazos velludos que tanto admiré, y cuyas venas muy marcadas siguen mostrando fuerza, esos brazos que terminan en las mismas manos grandes y velludas que me abrazaban fuerte, muy fuerte o que me acariciaban el rostro con mucho cuidado; esas manos de dedos muy asperos que pasabas por mi espalda mientras yo te penetraba y nos besabamos con una pasión propia de dos adolescentes? ¿Eres ese señor ya bastante maduro, pero en cuyo rostro permanecen rasgos de aquella galanura, sorprendentemente cruzado por muy pocas arrugas y además poco profundas; y esas cejas que continuan casi unidas, pero ahora son blancas y que enmarcan unos ojos cubiertos por esos anteojos de lentes gruesos y que acentúan tu antifaz de oso panda?, ¿Eres tú ese señor con labios que siguen siendo apetecibles, propios de un hombre que ha besado mucho, que sigue siendo virilmente coqueto y que parecían sonreir todo el momento que te vi?
¡¿Cuántas veces en esos ocho años deseé encontrarte y decirte lo mucho que seguía
queriéndote?! Pero hoy que te tuve a dos pasos, sólo pude admirarte y sentirme alegre
cuando volteaste y me sonreiste, pero sin reconocerme: lo sé porque tu mirada no dio
muestras de ver en mi a ese jovencito de hace 20 y tantos años a quien dedicaste un poema de Mario Benedetti, y a quien en alguna ocasión regalaste una caja con un par de pañuelos Sasson adornados con un tejido de una bota vaquera, mismos que siguen guardados, sin usar, en uno de los cajones de mi ropero. A fin de cuentas, yo sólo fui "uno más" de tus muchas conquistas, pero tú dejaste un recuerdo indeleble, permanente en mí: viví por ocho años sin poder sentir nada, no digamos amor, sino nuevamente ese enamoramiento por nadie. Sin embargo, si es que eres tú ese señor muy maduro, y todavía muy atractivo, me hiciste recordar tantas cosas, tantas vidas, tantas experiencias, tantas otras personas, tantas sensaciones: algo que para muchos es TODA UNA VIDA...
Enrique El Quique












